História
La Academia de la Latinidad fue fundada en Rio de Janeiro, durante la reunión que se realizó en los días 11, 12 y 13 de marzo de 2000, en la Universidad Candido Mendes, con el Alto Patrocínio del presidente de la República de Brasil y de dos ministros de Educación, uno de Francia y otro de Italia. Una serie de investigaciones y encuentros precedieron a la reunión, que ocurrieron en Italia, Francia y Brasil, principalmente, durante el Encuentro La Latinidad en la búsqueda de lo Universal, organizado en Castello di Gargonza, en Toscana, Italia, en los días 18 y 19 de septiembre de 1999.
En enero de 1999, Nelson Vallejo-Gomez, ex-secretario ejecutivo de la Academia, sugirió a Catherine Bizot, consejera de Relaciones Internacionales del ex-ministro de la Educación de Francia, Claude Allègre, la idea de ‘Latinidad’ como un concepto federativo – a nivel geopolítico y cultural. Esta concepción federativa ofrecía una lectura global, que le permitiría al ministro aprovechar el viaje a Brasil de diversas maneras – programado para el mes de abril del mismo año. Allègre, seguramente estaría interesado en reforzar políticamente las relaciones culturales, históricas y lingüísticas de los países latinos, a través de la intermediación de Brasil y de Francia.
Candido Mendes, miembro fundador y actual secretario general de la Academia de la Latinidad, pensó entonces en recurrir a la fraternidad existente entre las Academias de Letras de los dos países. Estas acababan de crear un gran premio conjunto, el Premio de la Latinidad, e iban justamente a reunirse en Paris para escoger el nombre del primer laureado (Carlos Fuentes). Candido Mendes aprovechó una cena en honor al ministro francés en el Hotel de Crillon, en el dia 14 de marzo, reuniendo varias personalidades latinas, entre ellas Edgar Morin, Maurice Druon, Marc Fumaroli, Hélène Carrère d’Encausse, Hector Bianciotti, Pierre-Jean Rémy, Eduardo Portella y Arnaldo Niskier.
Durante la cena se debatió ampliamente la urgencia de que se tomaran iniciativas importantes para reforzar la solidaridad entre los pueblos de cultura latina, basadas en la transmisión de sus contribuciones lingüísticas, históricas y culturales. Marc Fumaroli y Candido Mendes propusieron, entonces, al ministro francés que apoyara la creación de una Academia de la Latinidad; y a los presentes, que fueran sus miembros fundadores, desde ya. Se había lanzado la idea y Candido Mendes se encargaría de concretizarla.
En el día de 20 de abril de 1999, Mendes presentó la candidatura de Claude Allègre para recibir las Palmas Académicas, concedidas por la Academia Brasileña de Letras [ABL], y en su discurso de bienvenida al ministro francés a la ABL, lo convenció para que Francia y Brasil usaran los lazos fraternos que los unen como base de la utopía en pro de la Latinidad. Como respuesta, durante esa sesión extraordinaria de entrega de una condecoración altamente prestigiosa, Allègre recordó la “conspiración” del día 14 de marzo, en Paris, y lanzó nuevamente la idea de que se creara una Academia de la Latinidad. Él le dijo a los académicos brasileños y a las personalidades presentes: “Pienso que este esfuerzo en pro de la Latinidad, podría llevar a que un día se funde una Academia Internacional de la Latinidad, lo que sería transversal con relación a todas las otras, y permitiría que los autores latinos y los creadores de la Latinidad se encontraran.” El ministro francés subrayó entonces que, según él, esa relación incluía naturalmente a Italia y que sus raíces estarían zambullidas en la cultura clásica occidental. Efectivamente, el 2 de julio de 1998, en Siena, Italia, Claude Allègre y Luigi Berlinguer firmaron un protocolo – con la presencia de Lionel Jospin, primer-ministro francés, y de Romano Prodi, presidente del Consejo italiano –, cuyo tema fue la defensa y la promoción “de la cultura clásica en Europa, y que a veces tendemos a negligenciarla.” “Yo creo – le dijo a los brasileños – que este apego a la cultura clásica es algo que todos los países latinoamericanos comparten, y pienso que podríamos unir este esfuerzo franco-italiano a los vuestros.”
Sin ningún prejuicio acerca de las nuevas formas que serían necesarias para reanudar el diálogo entre las periferias marginadas de las grandes metrópolis y la llamada Cultura Clásica, Candido Mendes volvió a Paris, en mayo del año siguiente. En ese entonces, ya había conseguido el apoyo incondicional de José Saramago, Carlos Fuentes, Federico Mayor, Nélida Piñon y Enrique Iglesias. El ministro Claude Allègre lo recibió en una audiencia oficial, para estudiar el desarrollo del proyecto. En esa ocasión lo presentaron al embajador francés junto a la UNESCO, Jean Musitelli, y lo llevaron al Gabinete de Hubert Védrine, ministro del Exterior de Francia.
Se une también a Geraldo Cavalcanti, secretario general de la Unión Latina. Se establece, entonces, un acuerdo entre la futura Academia de la Latinidad y esta institución intergubernamental. Éste se firmó en Rio de Janeiro, el 12 de marzo de 2000, marcando así la identidad y la diferencia de las misiones de ambas instituciones.
Durante la audiencia con el ministro francés, Candido Mendes presentó su primer documento de trabajo: “Rumbo a una Academia de la Latinidad”, en el cual se esboza la invitación para el Encuentro de Gargonza.
Al recordar la fraternidad existente entre la Academia Brasileña de Letras y la Academia Francesa, Mendes ya presentía que el Premio de la Latinidad se ampliaría alcanzando un proyecto mucho más abarcador.
Además del propio Premio, más allá de cualquier merecimiento, todas las apuestas se dirigieron hacia la idea de Latinidad. Siempre considerando que en la cena del día 14 de marzo de 1999, en el Hotel de Crillon, se llegó a un sentimiento más profundo, – mucho más que el juego francófono y lusófono que será tratado en su debido momento – que trataba del refuerzo a las identidades culturales, del punto de vista de un combate impiedoso para que la futura Latinidad pueda sobrevivir. El apelo por una “Europa de las Culturas”, lanzado aquí y allí en la Unión Europea, descortina otro abordaje y subraya la importancia que tiene la Academia de la Latinidad en la época de la globalización, de los “pensamientos únicos”, y del dominio de los simulacros que presenta el universo mediático.
Por otro lado, este primer documento de trabajo ya mencionaba la idea, que unos meses después fue rechazada en Gargonza, de una “meta-academia” reuniendo a las demás Academias nacionales.
La idea mayor de la Academia de la Latinidad consiste en establecer una relación entre personalidades que reflejen el fin de las diversas culturas involucradas en el espíritu latino y las nuevas generaciones – para asegurar una actividad creadora continua, además de un foco espiritual que garantice el intercambio entre ellas. Pero, antes de todo, como ya se describió anteriormente, se trata de “constituir una autoridad independiente”.
Claude Allègre, un científico de renombre internacional, deseoso de que se estableciera un vínculo entre la futura Academia de la Latinidad y las cuestiones de bioética que estaban siendo tratadas por la Academia de las Ciencias francesa, llevó al Secretario Perpétuo de ésta última, el eminente biólogo François Gros, para que conociera el rector Candido Mendes.
El encuentro entre los dos ocurrió en el Hotel de Crillon, el día 5 de julio. François Gros y Candido Mendes firmaron un acuerdo sobre los siguientes puntos, que pueden ser considerados una “participación de los científicos” en el área de la Latinidad: que es necesario promover un “nuevo renacimiento latino” en el intercambio, otrora tan rico, entre científicos y literatos, que se caracterice por la diversidad y la apertura cultural latina; que los países latinos conservan en sus vivencias y en su memoria una sensibilidad particular relacionada con una “ética del hombre”, cuando se trata de las recaídas de la ciencia – ya los países nórdicos se basan más en una ética del medio ambiente; que se necesita identificar los elementos de aproximación entre las ciencias de la naturaleza y las ciencias humanas, pues todos se encuentran desconectados en la sociedad.
Así, se favorece el aislamiento de las técnicas científicas (nuclear, biotecnologías, químicas), que ultrapasan la comprensión del gran público y que pueden ser vistas como peligros capaces de desencadenar miedos míticos o irracionales. Existe, además, en la escena científica internacional, el peligro real de una homogeneización “pan-americana”, que controle el sistema de evaluación y de publicación científica, conduciendo principalmente a la pérdida de la diversidad cultural y lingüística. Cuando podremos reencontrar la presencia de la Latinidad en su totalidad, a través de las lenguas y de la ciencia, de las culturas, de la historia o de la ética, respondiendo a las necesidades económicas planetarias, descubriendo un valor nuevo de la cultura latina ante el anonimato del mercado en la era económica.